Encomendándome a Santa Fabiola.
Todo el universo conspira para mí.
Recréate en tu monólogo mental que, a fin de cuentas, eres tú el que lo crea.
"No intentes cambiar tu pasado. Vive tu presente y edifica tu futuro con dicho pasado como cimiento." (E.)
Salmodiaba en un torpe español, quizás aprendido
en las lejanas aulas europeas, tantos años atrás,
y en otros viajes, tantos, por aquel Continente.
No sé si el mal de altura de la ciudad de Cuzco,
o tal vez sus palabras, o la larga bebida,
o quién sabe qué importunos fantasmas, otorgaron
un ámbito asfixiante a nuestra charla,
como si al avanzar en su relato, un demonio moral
tomara cuerpo en mí para ofenderme.
Por si a alguien interesa y por si ofende a alguien,
esto fue lo que dijo aquel borracho en Cuzco:
Escúchame, español; si no lo has hecho,
no sabes qué es vivir. Y no lo has hecho.
Hay que desmemoriarse de todo y de uno mismo en adelante,
matar en ti la vida que has fundado. No me entiendes.
En el viaje no importan las ciudades, los climas extranjeros,
los hijos que te nazcan en mujeres de paso nada importan.
Hay mujeres, hay climas, hay hijos y ciudades
aunque te quedes quieto allí donde naciste.
Lo que importa en el viaje es saberse en el viaje,
desde ningún lugar hacia ninguna parte, de nuevo en el camino.
Pero tú aún no lo sabes.
Pero tú aún no lo has hecho.
Pero tú aún no has vivido.
Y encima, es mayo.
Y ya sabes cómo me siento sobre mayo. Me recuerda al mayo anterior y al pasado.
A cuando nadie era quien tenía que ser.
Hacía más calor y las calles pesaban menos.
La primavera se dejaba ver y el sueño era más ligero.
La promesa del verano era tan incierta y seguíamos bailando
Como si los días no fueran finitos.
Como si no tuviéramos que hablar del final.
Por eso te digo que no me sentó nada bien. Porque encima
era Mayo.
Ich bin ein Mensch, der außer dir kaum Liebe kennt.
Und ich bin ein Mensch, der außer dir kaum Liebe kennt.
And the pink Moon, coming directly from my blindness window, she’s trying to tell me something. Susurra por debajo de la colombe.
Así como vino se fue.
Qué delirio.
I saw my life branching out before me like the green fig tree in the story. From the tip of every branch, like a fat purple fig, a wonderful future beckoned and winked. One fig was a husband and a happy home and children, and another fig was a famous poet and another fig was a brilliant professor, and another fig was Ee Gee, the amazing editor, and another fig was Europe and Africa and South America, and another fig was Constantin and Socrates and Attila and a pack of other lovers with queer names and offbeat professions, and another fig was an Olympic lady crew champion, and beyond and above these figs were many more figs I couldn't quite make out. I saw myself sitting in the crotch of this fig tree, starving to death, just because I couldn't make up my mind which of the figs I would choose. I wanted each and every one of them, but choosing one meant losing all the rest, and, as I sat there, unable to decide, the figs began to wrinkle and go black, and, one by one, they plopped to the ground at my feet.
Sylvia Plath.
No acompaña nada que el día que se cumple un mes de esta aventura canadiense, lleve tan mal el sentimiento de "miembro fantasma" en el anular izquierdo. Porque aquí, siguiendo igualmente la moda de palacio, se lleva en la zurda, así que tampoco desentona. O quizás sí, porque pocos canadienses se casan.
En cualquier caso, se esperan hoy 10 centímetros de nieve y hay, efectivamente, ventisca que hace que el el vaho se congele en la bufanda.
Todo blanco, todo apacible.
Hoy la cana despuntó como un recuerdo preciso de una mala cura. Estoy, además, somatizando otras cuestiones más.